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Lunes, 28 Agosto 2017 01:46

Buque cisterna ruso ha conseguido cruzar el Ártico en el menor tiempo registrado Destacado

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Moscú.- El Christophe de Margerie, un buque cisterna ruso diseñado para el transporte de gas natural licuado, ha conseguido cruzar el Ártico en el menor tiempo registrado hasta la fecha: seis días, 12 horas y 15 minutos.

Construido para la naviera rusa Sovcomflot, el mercante atravesó la ruta marítima del norte (paso del Noreste), partiendo desde Hammerfest en Noruega hacia el puerto de Boryeong en Corea del Sur. El recorrido, que abarca 2.193 millas náuticas (4.060 km), duró un total de 19 días.

Aunque en el mundo ya existen 160 buques gaseros, este es el primero que también es un rompehielos, lo que le ha permitido realizar toda la travesía sin la necesidad de ser escoltado por este tipo de barcos, imprescindibles a tan altas latitudes.

Con un poderoso sistema de propulsión de 45 MW comparable a la capacidad de un moderno rompehielos de propulsión nuclear, al mercante se le asigna la navegación para la categoría Arc7, para la clase de hielo más alta entre este tipo de embarcaciones, lo que le permitirá el transporte de mercancía durante todo el año.

El trazado del recorrido y una velocidad media de 14 nudos, incluso cuando atravesó capas de agua helada de 1,2 metros de espesor, permitieron al Christophe de Margerieahorrar un 30% del tiempo que se necesita para completar la ruta regular del sur, a través del Canal de Suez.

La hazaña pone de relieve el potencial económico de la ruta del Mar del Norte para los buques de gran capacidad. Nikita Sekretarev, jefe del Departamento de Asuntos Corporativos de Sovcomflot, en Moscú, constata los datos para EL MUNDO: "El tráfico marítimo actual en la zona se debe a los principales proyectos de energía (petróleo y gas). Para 2018, se espera que sólo los dos proyectos de energía del Golfo de Ob (puerto de Novy y Yamal GNL) generen unos 11,5 millones de toneladas de carga, casi el doble de lo que se registró en la era soviética, con 6,6 millones de toneladas en 1987", ha afirmado.

Pero mientras Rusia celebra las ventajas económicas de la navegación por el Ártico, los ecologistas alertan del impacto ambiental que sufrirá la zona. "Desde 2010 a 2014, se ha duplicado el número de barcos que lo cruzan", ha asegurado Pilar Marcos, responsable de la campaña Salvar el Ártico de Greenpeace.

Dado que en los últimos 30 años el Ártico ha perdido tres cuartas partes de hielo, para Marcos aumentar aún más el tráfico marítimo dañaría este área virgen del planeta, muy vulnerable ya al calentamiento global. El uso de agua caliente por los rompehielos sumado a las fracturas que producen las hélices y el oleaje del tráfico reducen el espesor de la masa de agua sólida. "El efecto que conlleva que cada barco atraviese esta zona es un aumento de las temperaturas del agua de la región y la erosión del hielo", ha explicado Marcos.

El aumento de accidentes por un incremento del tráfico preocupa a Greenpeace. "Más barcos pueden romper sus cascos y verter contaminantes", ha comentado Marcos. Sekretarev responde: "El lema de Sovcomflot es la seguridad es lo primero (SFC, por sus siglas en inglés)", ha recalcado. "La principal herramienta de protección ecológica en el Ártico debería ser la prevención de los buques deficientes y el creciente nivel de cualificación profesional de los tripulantes", ha recalcado el ruso.

Zona marina protegida

La creación de una zona marina protegida, como se hizo con la Antártida podría ser la solución para el Ártico. A este respecto un posible tratado a través de las Naciones Unidas con la ley UNCLOS de protección del mar, promoverían la conservación de un 10% de las zonas de costa en el norte.

Hasta 150 países intentan, con este convenio, garantizar la gestión común de las aguas. "El último logro es que en 2018 comienza la ronda de negociaciones para dar forma al tratado de la regularización de las aguas internacionales", ha aseverado Marcos.

Sin embargo, "otra vez Rusia y Noruega se oponen a este tratado ya que el tráfico de mercancías por esa zona supone una oportunidad de negocio. Los cinco países ribereños del Ártico, con Rusia y Noruega a la cabeza, ven la gallina de los huevos de oro por el deshielo, y porque podrían acceder al gas y al petróleo de debajo del Ártico", ha dicho.

Islandia también ve una posibilidad de tráfico marino en la zona, con Reikiavik como importante puerto en la zona, por lo que este país no está a favor de la creación de este santuario marino.

Sekretarev hace hincapié, no obstante, en el papel de la "convención de la ONU sobre el derecho del mar, el artículo 234, para adoptar y hacer cumplir las normas para la seguridad de la navegación, así como la reducción y control de la contaminación marina". Según el representante de la naviera, "dado el crecimiento del tráfico marítimo en esta zona, es también necesario desarrollar la infraestructura que garantice la seguridad de navegación y la seguridad del medio ambiente", ha concluido.

Fuente: http://www.elmundo.es/

 

 

 

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