El Papa Francisco: Hay que educar a los jóvenes en la seguridad vial
Educar a la población en el respeto de las normas de circulación, para que viajar siga siendo una oportunidad de aprendizaje y no de sufrimiento trágico. Esta concienciación debe ir acompañada de una renovada atención al medio ambiente, sobre el que convergen los impactos del tráfico, el excesivo número de vehículos en circulación y el elevado coste del combustible.
Son temas concretos los que tocó el Papa Francisco en su discurso a los presidentes y directores de la Federación del Automóvil Club de Italia, a quienes recibió la mañana de este 23 de enero en la Sala Clementina del Palacio Apostólico.
«No estamos hechos para quedarnos quietos»
Los viajes en automóvil se prestan fácilmente a ser asociados con las peregrinaciones jubilares. El riesgo habitual es «equivocarse de camino», tanto física como espiritualmente, y encontrarse «en apuros» o «perdidos».
“Es curioso, a veces se cae en un laberinto y se olvida de la meta. El deambular de la vida…”
Francisco reiteró que el Año Santo representa «una ocasión para un nuevo comienzo», una oportunidad para redefinir la propia meta final y evitar que las distracciones del camino se conviertan en obstáculos.
“No estamos hechos para quedarnos quietos, sino que estamos en una búsqueda, en camino hacia un destino. Ocurre con el agua: el agua quieta es la primera en pudrirse”
Entre «luces» y «pruebas», fijar la meta final
En la peregrinación espiritual, la meta no es «una cualquiera», sino un horizonte de participación, fraternidad y alegría. Entre las «luces» y las «pruebas» del mundo, el Papa los invitó a mantener la mirada en la «felicidad última en compañía de Jesús, María y todos los santos», sin desanimarse nunca, puesto que es necesario recomenzar siempre con renovado entusiasmo.
Conciencia de los riesgos viales
Pasando de lo espiritual a lo concreto, Francisco subrayó la importancia de educar a la gente para que respete las normas de circulación. Esta tarea incumbe en primer lugar a las escuelas y a los programas de formación promovidos por el Automóvil Club de Italia.
Estas iniciativas no se limitan a transmitir conocimientos técnicos, sino que pretenden desarrollar una profunda conciencia de los riesgos, con el ambicioso objetivo de «cero víctimas mortales en las carreteras».
“Se trata de un programa, pero ante todo de un deber. Viajar rima con aprender, conocer y no con sufrir, llorar o incluso morir”.
El impacto del tráfico en la casa común
A la palabra «educación», Francisco añadió la palabra «medio ambiente». En efecto, el tráfico automovilístico tiene importantes repercusiones en la «casa común» y en la calidad de vida de sus habitantes. Reducir sus consecuencias es un reto urgente, que requiere aprovechar las oportunidades que ofrecen las tecnologías modernas y promover «colaboraciones y acciones conjuntas» para una movilidad sostenible y accesible a todos.
A San Cristóbal, patrono de los automovilistas, Francisco encomendó en su conclusión a los presentes, a sus familias y su trabajo.
Fuente: https://www.vaticannews.va/